13 sept. 2011

GAMONEDA

Esti viernes 16 de setiembre vien a la Casa de la Buelga (Ciañu) Antonio Gamoneda, nun actu organizáu por Cauce Nalón.
Poeta asociáu a la xeneración de los 50, el "descubrimientu" por parte de los llectores d´esti gran autor fue tardíu por munches razones, anque´l reconocimientu públicu del Premiu Cervantes punxo les coses nel sitiu, teniendo en cuenta que tamos ante ún de los meyores poetes vivos de la llingua castellana. Ye yá la 5ª vez que vien a La Cuenca pola so amistá con esta Asociación. Dende´l mio puntu de vista, la diferencia sustancial ente ún qu´escribe versos y un gran poeta como esti, ye que nun dexa indiferente a naide. En directo tien una voz profunda qu´impresiona, pero sobremanera lo que diz. Déxovos aquí ún de los poemes que más m´impresionó y me sigue impresionando d´esti autor, a ver qué vos paez:


Malos recuerdos

                                   La vergüenza es un sentimiento revolucionario
                                                                            KARL MARX

Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.

Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.

Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
                 Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).

Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.


Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta de un soldado.

Le escribía su madre. No recuerdo:
«¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero...»

Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
«Tu madre que te quiere.»
                                       No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.

Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.

Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.


Antonio Gamoneda, Blues castellano, Gijón, Noega, 1982

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